El Blog de Chapa Yoga. El silencio interior.

De nuevo hoy, vuelvo con una sugerencia para este post. Una buena amiga y asistente durante algún tiempo a clases de Hatha Yoga, me ha pedido que hable sobre el silencio. La verdad es que es un tema interesante, además, de muy anhelado por todos en los tiempos que corren, ya que estamos rodeados de miles de estímulos sonoros procedentes de nuestro exterior y tantos o más, estímulos mentales en cuanto al ruido interior se refiere.

Todos en alguna ocasión hemos pensado en marcharnos a algún lugar remoto para intentar disminuir esa cantidad de estímulos sonoros a los que estamos sometidos. Algunos incluso lo hemos hecho. Pero a pesar de eliminar ese ruido exterior, a la vuelta, hemos tenido la sensación de no haber descansado.

Pienso que la causa mayor de nuestro nivel de estrés, frustración y negatividad es no saber encontrar el silencio interior, entendiendo este, como ese estado subjetivo de ausencia de elementos que perturben nuestra tranquilidad. Por ello, todos en alguna ocasión hemos recurrido a herramientas que nos pudieran ayudar a alcanzar pequeñas metas como son la meditación o el yoga, olvidando que las herramientas son un método y nunca un fin.

Sinceramente, siempre he pensado que el silencio está ahí, en mi interior y lo que trato de hacer es conectar con él, no buscándolo, sino preparando el terreno para que las circunstancias sean las propicias y aparezca ese anhelado momento de paz y tranquilidad. Lo que sí soy capaz de asegurar, es que en cuanto pruebas los beneficios del silencio, es difícil cejar en su búsqueda diaria por la cantidad de efectos beneficiosos que proporciona a tu cuerpo y mente.

Desde mi punto de vista práctico, lo principal es saber detectar el momento en el que la mente te está arrastrando con su diálogo interior. Esto no solo lo considero fundamental, sino de las tareas más difíciles.

A lo largo del día, son numerosas las ocasiones en las que practicando la escucha activa y la atención plena, detecto que mi mente me está (o más bien “se está”) perturbando así misma con pensamientos innecesarios. La mayoría de ellas son imaginaciones e ilusiones relacionadas con el futuro, otras son pensamientos o análisis del pasado, y siempre llego a la misma conclusión que, la cantidad de energía y tiempo que malgasto en algo que considero tan innecesario y absurdo, como es tratar de controlar el futuro o modificar el pasado. En cuanto detecto que mi mente se enreda o rumia (como dicen mis amigos y maestros Manuel Herrero y Roberto Alonso) en este tipo de tareas, trato de conectar con el presente dirigiendo mi atención al momento actual. Eso hace que mi diálogo interior se acalle.

Curiosamente, en las ocasiones en las que he recurrido al aislamiento, ya sea practicando Mouna (“silencio” en sánscrito), o en forma de escapadas al campo o al medio rural, es cuando con más fuerza me ha abordado el ruido interior porque pienso que mi mente necesita hablar, necesita tenerme en constante diálogo. Y si tenemos en cuenta lo que los eruditos del lenguaje, la comunicación y la psicología nos dicen, probablemente caigamos en la cuenta de que mis afirmaciones anteriores tienen algo de sentido: “aproximadamente un 90 por cien de las palabras que pronunciamos en un día son innecesarias, al igual que afirman que de los 60.000 pensamientos que tenemos al día, el 80 por cien son negativos”.

Como decía anteriormente, es importante tratar de tomar medidas como pueden ser eliminar gran cantidad de estímulos a los que estamos sometidos, sobre todo, el actual uso de las tecnologías y buscar momentos propicios para conectar con uno mismo. Pero considero que lo más importante es tomar consciencia y tratar de cuantificar la cantidad de tiempo y energía que derrochamos en nuestro diálogo interior y sólo así, te sentirás motivado a cambiar. Una vez que te sientes realmente motivado, toma consciencia de quién te habla, por qué, qué te dice y trata de cuestionar lo que tu mente te relata, porque la gran mayoría de las veces, son diálogos pesimistas y negativos que necesitan de un escenario o montaje que tu mente está obligada a crear para que puedan tener la ocasión de manifestarse, con el consiguiente gasto de tiempo y energía que conllevan.

No quiero dejar pasar la oportunidad para señalar que hay que estar muy pendiente porque no todos los diálogos mentales hay que atajarlos. Algunos de ellos nos proporcionan gran información, ya sea sobre nuestros estados de ánimo u otras muchas sensaciones y emociones importantes y necesarias para nuestro desarrollo personal.

En ocasiones, sólo con ser consciente del diálogo interior logro atajarlo. Pero en otras muchas ocasiones he de recurrir a herramientas que no siempre están relacionadas con la espiritualidad.

Durante mucho tiempo usé y todavía en alguna ocasión lo hago, la técnica del anclaje siguiendo el consejo de un amigo psicólogo, y me funciona en particular para aquellos diálogos insidiosos y repetitivos que cuando aparecen son difíciles de parar. De un tiempo a esta parte lo que más me ha ayudado es la práctica de la meditación.

Suelo afirmar que la meditación no se hace, la meditación se experimenta. Lo que realmente tratamos de hacer es utilizar técnicas y herramientas que conducen a que el estado meditativo aparezca mediante la práctica cuando las condiciones son las necesarias. Cuando decimos que “hacemos meditación”, lo que realmente queremos expresar es que realizamos prácticas de interiorización (“pratyahara”) y prácticas de concentración (“dharana”). Lo más característico del estado meditativo es que cesan el pensamiento y los condicionamientos mentales, quedando solo la experiencia directa.

Al abordar el tema de la meditación siempre viene a mi mente la dificultad que conlleva explicar o definir ¿Qué es la meditación? La definición que mejor se ajusta es que se trata de una experiencia de unidad y totalidad. Un estado de consciencia en el que se transciende la dinámica dual de pensamiento. Mientras que la mente racional trata de dividir y clasificar para comprender, la meditación trata de unificar: es un estado en el que el meditador, el objeto de la meditación y el proceso de la meditación se funden en unidad. El meditador se convierte en el propio objeto de la meditación, penetrando en la esencia más profunda. Mediante esta experiencia se adquiere un conocimiento global y no sesgado, parcial o superficial.

Antes de abordar la concentración, es fundamental haber purificado la mente y eliminado lo que denominamos impresiones mentales negativas (“samskaras”). Se podría comparar, como hacen algunos autores, con una casa que ha estado deshabitada durante años y que está llena de suciedad y muebles inservibles, de los cuales debemos deshacernos para poder habitar en ella de una forma confortable. La práctica de la meditación requiere insistencia, rigor y tiempo, ya que los primeros pasos suelen ser infructuosos y poco gratos al enfrentarnos a esas impresiones negativas que están en nuestro subconsciente y que van aflorando para poder desaparecer contando, además, con las muchas ocasiones en que nos ponemos a practicar y nuestra mente nos boicotea volando de un lado a otro.

Algunas personas quizá, dejándose llevar por el desconocimiento, juzgan a la meditación y a las personas que la practican como pasivas. Nada más alejado de la realidad desde mi punto de vista ya que, aunque es muy difícil de cuantificar, cuando una persona medita, además de parar el diálogo interior, irradia positividad, ecuanimidad, energía, paz y amor y esto repercute en su entorno de una forma muy positiva.

Por lo tanto, recomiendo a todo el mundo practicar el silencio interior, ya sea con técnicas cognitivo-conductuales, técnicas emocionales, relajaciones guiadas o individuales o mediante herramientas como la meditación. Porque lo verdaderamente importante son sus beneficios y no la forma de alcanzarlos.

Os animo a sumaros al reto.

Me despido hasta la próxima semana y recuerda que nadie, absolutamente nadie, es dueño de la verdad absoluta. Lo verdaderamente importante es experimentar.

 Hari Om